Salir de la burbuja...


Hace algunos años mi mentalidad, forma de actuar y de pensar era totalmente otra, era tan distinta. Por una conversación con dos personas que han sido parte importante de mi vida, me puse a pensar, el recuento, el resumen de las cosas..

Nací y crecí en un hogar creyente, por lo mismo supongo que me metieron toda mi vida a estudiar en un colegio de monjas, por lo mismo también creo que en mi familia rezábamos el rosario, e íbamos a misa, supongo que cuando mis papás sentían la necesidad de hacerlo era cuando todos lo hacíamos.

Hice la primera comunión, la confirma, salvo que no me gustaba confesarme, creo q era practicante católica, luego de eso entre al "movi", si!, el instrumento y el grupo que me hizo conocer a Dios en su máximo esplendor, ahí vi la mano de Dios trabajar en pequeños y grandes milagros desde un clima,  multiplicar fuerzas a la hora de un trabajo duro en un campamento para muchos jóvenes, hasta quebrantar muchas veces mi duro corazón, sanarlo y así trabajar en el de muchas personas más, si... ahí me convertí, claro está, me convertí en convicción y no en una religión, (cosa que con el tiempo entendí). No dudo que intenté experimentar religiones, estados con Dios, a veces funcionaba y otras veces no, costó romper la barrera en mi casa de que me vieran siendo "evangélica", me costaba también cumplir con las "obligaciones" de ser una joven que lideraba un grupo de jóvenes, que debía primero cumplir con mi puesto y al mismo tiempo con el puesto de ser hija de Dios...Que según muchas religiones, ser hijo de Dios es atarme a hacer algo, cuidarme a no hacer muchas otras cosas, con el tiempo se llego a convertir en una carga... Lo que al principio amaba con todas mis fuerzas, lo que lloré y cuide, se llegó a convertir en algo de lo que canse, de lo que preferí dejar a un lado, porque cuando siento que no doy la talla en algo, o no estoy dando lo mejor de mi porque no me siento cómoda, simplemente mejor lo dejo de lado.

Fue así cuando "mi burbuja estalló" como la llaman algunos, conocí el mundo y la carne, las cosas que quizás evitaba por mis enseñanzas convencida de que eran malas, pero las evitaba sin conocerlas, y uno en una batalla debe de tener idea de quien es el enemigo, para poder saber a quien nos enfrentamos y luchar con más fuerzas aun, fue aquí también cuando me dí cuenta, que mi relación con Dios NO depende, de una religión, no depende de si estoy preparada o no para hablar frente a muchas personas de Dios, depende de mi actitud, de mi hambre y de mi deseo de conocer a Dios, de conocerlo en su máximo esplendor: de saborear a Dios, caminándolo a lo ancho y a lo hondo, mirándolo a través de sus colores, oyéndolo a través de sus sonidos, palpándole la perfección y desentrañándole la luz. 

Eso fué lo que aprendí: que mi relación con él es mía y de nadie mas, que aunque en la calle hayan personas y religiones, que se encargan de acusar y de señalar, el único que me dirá en su momento si estoy bien o mal es Dios, quien por cierto no acusa ni señala, porque el es amor puro y sincero, que perdona si fallamos los muchos errores que cometemos, y que debo de buscarlo para sentir su presencia, sin necesidad de que nadie me impulse a hacerlo sino más bien por deseo y conviccion, que debo conocerlo profundamente, y agradecerle por los detalles diarios que me demuestra de amor y perfección.

Eso es todo: Porque al final Dios no es religión, es relación.


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